Región América Latina, Región Unión Europea · 21 julio, 2020

Personas Adultas Mayores y COVID-19: Reflexiones y aprendizajes para el afrontamiento en centros residenciales y para la continuidad de los servicios de apoyos y cuidados en la comunidad

Por Lourdes Bermejo García, dra. en CC de la Educación, diplomada en Gerontología Social, vicepresidenta de Gerontología de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y consultora de EUROsociAL (1)

Nos encontramos, a causa de la pandemia provocada por la Covid19 ante una situación sanitaria y social muy compleja que afecta gravemente la salud de las personas, más aún de aquellas que por su edad o condición de salud presentan una mayor vulnerabilidad. Un análisis reflexivo acerca de las respuestas y de sus resultados en Europa, donde llegó la pandemia con antelación, nos permiten extraer aprendizajes que pueden ser de gran utilidad a otros países a los que ha ido llegando o llegará mas tarde.

 Dos son los ámbitos en los que es imprescindible una actuación eficaz en relación a las personas mayores y aquellas que necesitan apoyos y/o cuidados: los centros residenciales o de larga estadía,  y los centros diurnos y/o servicios de apoyo en el entorno comunitario (la atención domiciliaria y tele asistencia). Con el fin de apoyar a los países de América Latina y el Caribe para mitigar el impacto del COVID-19 sobre las personas mayores, la Unión Europea a través de su Programa EUROsociAL+, junto con el Banco Interamericano de Desarrollo, la Agencia Francesa de Desarrollo y la Secretaría de Integración Social Centroamericana han desarrollado dos webinares en abril (2) y mayo 2020 [3] que han permitido un importante intercambio de experiencias y lecciones aprendidas entre las dos regiones.

Tras compartir estas experiencias, podemos identificar 5 ejes facilitadores, de carácter sistémico, que han demostrado mejorar el abordaje de la crisis.

 El primero se refiere a la necesidad de una gobernanza político/administrativa optima que esté basada en el conocimiento científico y ético. Saber científico interdisciplinario de profesionales y asociaciones científicas diversas (epidemiológicas, sanitarias, sociales que abarquen la diversidad de situaciones y necesidades de los ciudadanos, económicas, etc.) y saber ético, que pondere las consecuencias de las decisiones sin olvidar derechos y valores sociales. Como el conocimiento no sabe de “compartimentos estancos”, cuando no se ha contado con este saber científico y ético, se han tomado peores decisiones y se gestiona peor esta crisis: con más personas fallecidas y más sufrimiento para toda la población.

El segundo, la imprescindible coordinación vertical y transversal: entre Servicios Sociales o de Cuidados y Sanitarios; y entre niveles de la Administración. Esta capacidad de diálogo y cooperación real y efectiva ha sido y continúa siendo uno de los grandes retos al que se están teniendo que enfrentar los diferentes Estados.

La tercera sería la toma de decisiones adecuadas y en el momento oportuno. Un reto para las administraciones públicas que tienen dificultades en dar respuestas rápidas y que además hayan sido bien reflexionadas y consensuadas. Una buena medida inmediata puede ser ineficaz unos días o semanas después. La propagación de la enfermedad no atiende a los ritmos del exceso de burocracia frecuente en muchas Administraciones Publicas. Esta agilidad no debe implicar la simplificación de miradas, la experiencia nos dice que ha sido un error diseñar comités de expertos sin contar con las visiones disciplinarias necesarias para el abordaje integral de una realidad que afecta a todas las dimensiones de la persona, y que ha minimizado su efecto negativo en personas con características, necesidades y circunstancias muy diversas. Además, tanto los derechos humanos como los valores sociales han de ser tenidos siempre en cuenta. Es decir, las medidas que se tomen SIEMPRE han de tener como referencia los derechos y valores que la sociedad considera esenciales. Una primera idea que no puede ser olvidada se refiere a que todas las personas tenemos dignidad y merecemos ser tratadas con igual consideración y valor, y por tanto, a no ser discriminadas. Los mensajes desvalorizadores durante el Covid refuerzan la estigmatización y el estereotipo igualando a todas las personas adultas mayores y categorizándolas como más frágiles, incapaces o no valiosas. Focalizarse siempre en su situación de fragilidad, dependencia física y/o cognitiva va en contra de su dignidad.  Otro valor que hay que reforzar en esta crisis se refiere a la libertad, es decir, que todos somos libres, es decir capaces de tomar decisiones por nosotros mismos. En la gestión de esta crisis puede haber momentos en los que toda la ciudadanía ha de limitar el ejercicio de su libertad por el bien común. Pero ello no puede implicar la imposibilidad de participar en ninguna decisión, pudiendo y queriendo las personas hacerlo por sí mismas. Desde luego, otro riesgo de esta crisis es retroceder en los logros que cada país ha logrado en relación a la equidad y la justicia, así, los ciudadanos no pueden ser discriminados, ni ser excluidos, por motivo de edad, de las estrategias preventivas o del acceso a los recursos sanitarios.

El cuarto eje se refiere a la ejecución correcta y adecuada por todos los agentes implicados de las decisiones acordadas, es decir un mando único eficaz. Ello es muy difícil en territorios en los que la Administraciones Publicas están muy segmentadas y descentralizadas; donde la gobernanza está repartida entre varios niveles superpuestos en un mismo territorio y ciudadanía (nivel Local, Provincial, Regional, Estatal.). Esta fragmentación administrativa suele conllevar un exceso de reglamentación, que también se multiplica, solapa y enlentece la ejecución de las medidas. Una limitación en tiempos de normalidad, es un verdadero problema en esta pandemia.

 El quinto eje, seria la implicación activa y la corresponsabilidad de la ciudadanía es muy importante, para que ciertas decisiones, instrucciones y obligaciones impuestas se cumplan (más si generan malestar o perdida de derechos individuales pero que resultan imprescindibles en ciertos momentos de la pandemia). La mejor gestión del COVID implica fomentar la creación y el mantenimiento de iniciativas solidarias, de redes de apoyo, de pequeñas acciones, que pueden estar lideradas desde instituciones públicas, o también por organizaciones de la sociedad civil o en movimientos ciudadanos espontáneos (de buena vecindad). Sin un sentido comunitario fuerte, la gestión de la crisis fracasará. Lograrlo requiere cuidar los mensajes, lenguajes, vías de participación y toma de decisiones con los sectores y entidades implicadas.

La gestión en los países europeos en relación a los Adultos Mayores, se ha centrado en dos METAS: reducir el riesgo de contagios y minimizar el daño, sufrimiento y deterioro debidos al confinamiento o ruptura de la cotidianeidad. Creo que podemos identificar una serie de aprendizajes que agruparía en 7 áreas y que considero pueden ayudar a los países de América Latina y el Caribe a optimizar sus propias estrategias.

Una primera área a desarrollar se refiere a la INFORMACIÓN, la COMUNICACIÓN y el ASESORAMIENTO. Aquí se concretan las aportaciones de conocimiento científico y ético ya mencionado, proyectándose en documentos suficientes y adecuados (marco normativo, protocolos, guías prácticas …) evitando el exceso normativo que multiplica la burocracia. Siempre para la aplicación de los mismos será necesario plantearse si es imprescindible que se disponga de una persona referente del área de salud como interlocución técnica segura y eficaz, constante en el tiempo y que conozca la situación y características de cada centro, sus moradores y de las personas mayores que viven en el barrio.

Otra área se refiere a la necesidad de desarrollar PLANES Y ESTRATEGIAS ADAPTADOS A CADA TERRITORIO, partiendo de cada realidad física y cultural, y contando con todos los recursos sanitarios y sociales, públicos y privados. La coordinación territorial especifica optimiza los recursos, debiendo incorporar iniciativas de carácter informal o comunitario, valiosas para enriquecer las oportunidades de comunicación, interacción, participación, identidad y sentido de pertenencia de las personas que viven en residencias y de los trabajadores. Mantener el sentido de comunidad es esencial.

Desde luego, la gestión de esta crisis requiere, por supuesto, cuidar mucho los RECURSOS HUMANOS, tanto en cantidad (que sean suficientes) como por su excelencia, tanto en criterios y parámetros de salud, como de bienestar psicosocial. Dar soporte emocional, “cuidar a los que cuidan”, requiere de estrategias y competencias que no siempre se han evidenciado en la gestión de la crisis. Cuidar ahora más que nunca requiere de un esfuerzo enorme en el personal, y además, muy prolongado en el tiempo. Cuidar la salud física y mental de los cuidadores profesionales forma parte de esta gestión excelente de los recursos humanos.

Desde luego, no seria posible afrontar esta pandemia sin disponer de los RECURSOS MATERIALES necesarios y suficientes para mantener la bioseguridad, si bien y lamentablemente no han estado disponible en algunos países europeos para las personas más mayores, o en situación de dependencia y/o discapacidad. De hecho, el desabastecimiento de equipos de protección generalizó el contagio en muchas residencias, y no disponer de los mismos limitó o hizo cerrar los servicios de atención domiciliaria. Nunca sabremos cuántas personas han fallecido sin recibir la medicación que les hubiera podido ayudar a superar la enfermedad. Tampoco ha habido medicación paliativa suficiente para quienes no pudieron superar la enfermedad. Una adecuada gestión del entorno no solo minimiza el riesgo, también el sufrimiento de las personas que viven en centros de larga estadía.

En relación a los Centros de Larga Estadía las ACTUACIONES de carácter SANITARIO han cobrando por razones obvias, una extraordinaria importancia en esta pandemia. Las medidas preventivas y de observancia, los tratamientos y otras acciones han requerido de la mencionada coordinación sociosanitaria. También ha sido clave el acceso a centros sanitarios que requiere de un sistema de traslado/derivación de pacientes mayores, y que sabemos, que en muchas ocasiones se ha decidido realizar o no sin criterios éticos y sin garantizar los derechos de las personas y los valores sociales referidos. También hemos aprendido que es imprescindible prever actuaciones de carácter paliativo, pues desgraciadamente sabemos que hay muchas personas que no podrán superar una enfermedad para la que no hay tratamiento curativo. En estos casos, se debería poder ofrecer un tratamiento paliativo que ofrezca un proceso de final de vida digno y humano, incluido que quienes fallezcan lo puedan hacer con algún familiar o persona querida cerca. La atención sanitaria debe buscar el cuidado y bienestar integral de la persona como objetivo ineludible, también en época de pandemia.

Para terminar, me gustaría hablar de la importancia de los SISTEMAS DE COMUNICACIÓN para que las personas mayores en situación de aislamiento puedan mantener sus vínculos con sus allegados/familiares, entre ellas y con la comunidad, tanto si están en sus domicilios como en un centro residencial. El derecho a la información y mantener lazos de comunicación es imprescindible para mantener la sensación de control de quienes se puedan sentir frágiles. Es por ello que, tanto desde los centros como desde los servicios comunitarios, es necesario contar con todo el personal que sea posible para diseñar y desarrollar una estrategia comunicacional que busca la personalización y dar seguridad y bienestar a las personas adultas mayores en esta época tan compleja y difícil.

Ante esta gravísima amenaza de la Covid 19, todas las sociedades, diversas y complejas buscamos soluciones. Aquellas que emplean la cultura, el conocimiento científico y ético, la cooperación de los sistemas, una comunicación adecuada, lograrán que sus ciudadanos sufran menos. Proteger a todos los miembros de la sociedad, incluidos los más frágiles y vulnerables, forma parte ya de nuestro bagaje cultural, construido y transmitido en códigos de creencias y valores éticos.

[1]Lourdes Bermejo García ha desarrollado un canal de YouTube https://www.youtube.com/channel/UCTD3tjw6T9zy-f7uaWrP-VA para alojar materiales producidos en época de la pandemia (documentales con testimonios de los protagonistas: personas adultas mayores confinadas en residencias y en sus casas,  profesionales y los responsables y conversatorios sobre los grandes temas de la pandemia). Estos y otros materiales disponibles en www.lourdesbermejo.es

[2] Webinar “Cómo enfrentar al COVID-19 en las residencias y centros diurnos de adultos mayores?”, organizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) conjuntamente con la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), la Unión Europea a través de su programa EUROsociAL+ y la Secretaría de Integración Social Centroamericana (SISCA), disponible en: https://vimeo.com/413773457/55b8fa99c8v=_me9KioMqnM&feature=youtu.be

[3] Webinar “Cómo garantizar servicios de atención en el domicilio y teleasistencia para personas con dependencias durante la emergencia del COVID-19? “organizada por Eurosocial,  la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) y la Secretaría de Integración Social Centroamericana (SISCA), disponible en https://www.youtube.com/watch?v=_me9KioMqnM&feature=youtu.be

 

Pais: Región América Latina, Región Unión Europea
ODS: Salud y bienestar, Reducción de las desigualdades, Paz, justicia e instituciones sólidas
Área de Políticas: Políticas Sociales
Tipo: Artículo

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